martes, 16 de octubre de 2007

Mina de cristal

A todas horas aparecen hombres serios profetizando un futuro negro, una destrucción cercana. Fuentes fidedignas y la televisión lo corroboran. El mundo se ha equivocado.

Apágala.

Sonríe.

Sonríe y lo mejoraremos.

Sonríe y el reflejo de tu sonrisa dará un poco de luz entre las sombras. Sombras que se crearon en la mentira y la hipocresía. El final es sólo un espectáculo más, un negocio más, un show que se anuncia a bombo y platillo y que disfrutaremos inevitablemente en primera fila.

El precio ha sido caro. Habrá que aprovecharlo pues. Amortizar la inversión realizada. Todos arrimamos el hombro para llegar a esto. Es merecido.

El cielo parece caer poco a poco. Baja el listón. La línea de horizonte se acerca. Las nubes ya casi tocan nuestras cabezas. Algo falla en los cimientos. Si seguimos así en poco tiempo comenzaremos a agacharnos en algunos puntos, a reptar, con el cielo acosándonos, zampándose el que era nuestro espacio.

Adiós a los tacones, ser alto ya no será una bendición, como cuando el tope de la ducha queda a la altura de nuestro cuello.

Ya nadie se lava la cabeza. Por qué hacerlo tú mismo si te la lavan ellos.

Algunas veces consiguieron ponerme de su parte, no daba crédito a mis ojos.

Atrapado, estaba atrapado. El aire parecía contener menos oxígeno del habitual. Falta de riego sanguíneo. Mis neuronas jadeando.

No me encuentro. No me encuentro ni en casa. Un hogar extraño a mi, que me mira con ojos insolentes,insinuándome que quizás debería buscar otro sitio. Las paredes me tuercen el gesto. Los muebles me esquivan.

Al fin la lluvia de otoño.

Mi esperanza de recuperación. Aire nuevo del oeste, fresco, húmedo, que trae consigo las nubes y los colores necesarios para volver a hacer habitable este seco mundo en blanco y negro, este mundo de baja resolución que se hace dueño de todo ya al final del verano.

Algunos árboles no lo soportarán y dejaran caer sus hojas, impotentes. Yo intentaré llenar hojas de palabras. Intentaré salir a la calle justo cuando más llueva, poniéndome a cubierto en cuanto escampe.

Espero que la lluvia me lave este alma que me pesa. Que se lleve el polvo y la apatía que obstruyen mis pensamientos.

Saldré a la calle con los cascos puestos, y rodilleras, y coderas, dispuesto a luchar. Escucharé música hasta que me duela la cabeza, hasta taponar mis oídos para no dejar pasar por ellos ese ruido que nos rodea incesante, sin preguntar, sin llamar a la puerta. Obstaculizando la información, las conversaciones, los chirridos, que tú no has elegido pero se te imponen.

Pasé media vida con tapones en los oídos.

Blabla bla

Bla blabla

No me interesa.

Blablabla

Disculpa

Blabla bla bla…

Perdón, tengo prisa

Bla bla bla bla

Estoy ocupado

Bla bla bla bla

Tengo que irme.

Tengo que irme, llego tarde a una cita.

Camino lo más rápido posible entre la irrealidad. Intento separarme de lo que me rodea, verlo lejano, lejano, allá a miles de milímetros de distancia, inalcanzable, externo.

Floto, a veces floto. No peso y mis pies dejan de tocar el suelo. Sigo caminando lo más rápido posible.

Nunca busqué explicaciones.

No te he preguntado, no lo quería saber.

Subí una escalera que llevaba a un espejo. Un espejo no es más que un cristal con un fondo oscuro.¿Te habías dado cuenta? Sólo necesitas eso para crear otro mundo infinito que nace de una miserable superficie plana.

El espejo creó la salida ideal. Un reflejo. Pero no se parecía a nada. ¿Que orientación tenía?

Sonreí.

Entonces miré al espejo y al otro lado ví a un simpático hombrecillo. Me pareció tranquilo, educado. Decidí presentarme y marchar con él a dar un paseo al otro lado.

Una pinza se atrapó a sí misma.

Una cerilla escupió agua.

Una silla se sentó a descansar.

Personajes invisibles,transparentes, decidieron hacerse notar usando ropa.

Nunca había encontrado un rostro tan profundo, infinito, claro, sincero.

Me gusta, pensé.

Pero entonces alguien golpeó mi cabeza.

¡Eh!

Entonces vi unos hilos que ascendían desde diferentes partes de mi cuerpo

Entendí que era imposible regresar por el espejo, pues ahora me encontraba en el lado opaco del mismo.

Intenté no perder los nervios.

Compré un mapa de la zona y salí decidido a la búsqueda de una mina de cristal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es genial