Recogí un pequeño árbol herido
Recién caído de su nido
Que gemía de dolor
La tierra estaba seca, agrietada
De color corteza
Y oscuros surcos
Aún había una solución
Reforestar mi mente
Con pequeños bonsáis
Volver a ver el monte verde
Después de un incendio
Recurrir a la imaginación de un niño
Para crear de lo inexistente
Dejé en barbecho el futuro
A la espera de una mejor cosecha
Una tormenta se acercaba a lo lejos
El viento cambiará de dirección
No se debe morir sin haber plantado un árbol
Sin dar de comer a la vida
Gaia perezosa
2 comentarios:
En fin, escribo pero no te escribo, es que me inspiraste.
ya no eres una niña, piénsalo, ahora observas, criticas, comparas, deduces, induces, provocas, contralas y te dejas controlar. Te crecieron ya hace tiempo y es ahora cuando sabes qué hacer con ellas, todo un universo de tentaciones. ya no eres niña porque no siempre flotas en estado puro ahora aliñas la situación. el discurso de mis absurdas impresiones es irónico al segundo repaso, en qué estaría yo pensando. dramática al máximo en la intimidad, jajaja, machacando despacio los días, sufro retrocesos a la infancia y no suelto la mano de mi mamá. a la venta ambulante me dedico con la piel, me visto y me desvisto, que no decaigan los nómadas, pasajeros que abordan el colchón. escalando hacia el delirio, sobornando a los malos pesares de su ausencia, no vayas a la nevera, no bebas a morro, latigándote las entrañas, no gastes saliva en balde, no veas hacia donde no quieras mirar, no te desgarres, déjalo correr, lo más viejo del mundo, a simple vista coordinaciones perfectas, ahondando un poco más en la mierda sólo pedazos de carne ansiosos por comer un poco de otro. qué guerra tan cruel es la guerra contra uno mismo, porque sólo follas en esos momentos con tu ego, con ese tú desdoblado en la piel de al lado, muerdes como quieres que te muerdan, besas, destrozas, tocas, esquinas idénticas, pliegues, un reto para componerte un orgasmo perfecto, animales autosatisfaciéndose, ansias de amarse. que no se acabe este trueque. ya no eres una niña, piénsalo.
Desde luego ya no eres una niña.
La lucha con uno mismo me temo que es la más profunda y duradera. La de siempre, la más complicada.
Así andamos todos, irónicos y sonrojados ante la vuelta de la mirada atrás.
Pero buscaremos más carne fresca.
Un placer que escribas.
Espero que lo sigas haciendo o me digas dónde lo haces.
ciao
Publicar un comentario